ARENA SUELTA POR TAYDE GONZÁLEZ ARIAS “GOBERNANTES CON TANTITA…DIGNIDAD”

Entre muchas cosas que nos pudieron enseñar nuestros abuelos, nuestros
padres, maestros y hasta los amigos del barrio, la calle o la colonia, se destaca un
elemento esencial para la buena vida. Y no me refiero únicamente al concepto que
se encierra en la cualidad del que se hace valor como persona, se comporta con
responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás, y no
permite que lo humillen o degraden, si no a quien practica cuando más se necesita
la dignidad.

Debería ser un propósito del hombre y la mujer de este mundo cuidar su dignidad,
pero la perdemos constantemente, cada vez que mostramos irresponsabilidad,
cuando no somos serios frente a los temas y asuntos de la vida, y peor aún, al
dejar que nos humillen o degraden. Posiblemente sea fácil decirlo, escribirlo,
pronunciarlo, y lo verdaderamente complicado es hacer que eso se cumpla.

Personalmente, he renunciado a un salario seguro, semanal, quincenal o mensual,
siempre que no me he sentido que me tratan humanamente correcto, de esos
lugares en los que tuve que convivir con compañeros y jefes o jefas incapaces de
garantizar mi estabilidad emocional y mi dignidad humana, sin titubear presente mi
renuncia, escrita, tácita o implícita, y de éstas experiencias es que les puedo
contar, pues que mayor referencia podemos tener que el testimonio propio.

Aunque alguna vez alguien me dijo que, a quién le iba a importar mi vida o lo que
me pasara, sigo creyendo que lo que nos ha tocado vivir los llena de enseñanza
que podemos tener la posibilidad de compartir con los demás.

Dicho lo anterior, y en pleno tiempo de culminar el periodo de gobierno en los
municipios, se comprendería una nostalgia porque después de tres años no se
vaya a llegar a la oficina donde se despacha, se aceptaría totalmente el
agradecimiento a la gente que les permitió servir, incluso se vale el llanto por lo
que se quiso hacer y no se pudo, pero cuando lo que permea es la preocupación
por aclarar las cuentas que no cuadran, cuando se sabe que se pudo hacer y no
se hizo o que teniendo la oportunidad de servir se sirvieron, no ha lugar la
dignidad.

Es indigno, aquél o aquella, que pasados los tres o seis años de gobierno, hasta el
final encuentra la paja en su propio ojo, no existe la cualidad de la dignidad, en
quien no sabe lo que representa, o bien porque no fue electo, y sólo lo pusieron
para tapar males, por un tiempo, como para quien fuera electo por las mayorías,
confiando que sería firme en justicia y blando ante las necesidades sociales, y va y

se sienta afuera de otras oficinas, tomando un banco, olvidando los tiempos y las
formas.

No es digno de un pueblo, cualquiera que éste sea, tener a un representante
ignorante de la ley, y omiso ante las causas de la sociedad. Pues no hay dignidad
cuando se abandona el barco del que se le dio el timón, para atender temas que
sólo le convienen de forma personal, y que, apoyándose de estrategias de
mercadeo baratas, desea pasar de victimario a víctima.

La confianza que el pueblo te otorga, como la que nos da cualquier persona,
debemos corresponder dignamente, es decir, con respeto, responsabilidad y
reciprocidad, pues de no hacerlo así, estaremos traicionando a la patria chica y
grande, y nos volvemos sedentarios destinados a morir en la soledad que merece
el que no sabe que el cristal fino se puede estrellar o romper si no es cuidado
adecuadamente.

Si eres un ciudadano que busca trabajo, quédate en donde se te dé el trato digno,
si eres un político que ha concluido su periodo, permite la transición en paz y
tranquilidad, guardando en todo momento la dignidad de tu cargo y investidura, no
caigas en cosas ridículas como enfrentarte a aquellas o aquellos que son tus
pares o superiores jerárquicos, que sabes que no te resolverán nada, pues
terminaras siendo un pilmama, o una burla social, y aunque la el pueblo suele
tener una memoria corta, aún hay quienes recuerdan al dedillo la historia.

Cuando te tengas que ir de un lugar que no sea digno de ti, o sencillamente por
cuestiones de ciclos concluidos, recuerda que lo único que te llevaras es la
dignidad de haber cumplido a cabalidad los propósitos que te planteaste, agradece
a quienes se sumaron y abonaron a que tu cosecha sea buena, no te olvides de
nadie trata de memorizar a cada una y uno que sumaron e incluso a quienes
restaron y con su actuar te enseñaron lo que se debe, lo que se puede y lo que no
se acepta.

Hay tan pocas cosas en la vida que vale la pena presumir, que esos autos de lujo
no alcanzan. Ni esas residencias o propiedades enormes cubren, pues los valores
siguen sin tener precio y la dignidad sigue sin ser puesta en venta para que la
adquieran esas y esos que siguen pensando que todo se puede en él y con el
cargo público o el dinero.

Acerca Bertha Guillermina Castellanos Arciga

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