LAS PEQUEÑAS COSAS Eliseo Castillo – TRAUMA DE LA PAREJA EN LA PANDEMIA

Hoy más que nunca sale a flote la parte que regularmente queremos guardar como “secreto de familia”. Esas cosas que deseamos que no sean del dominio de los amigos y parientes; por aquello de la pena de que se enteren de que realmente no somos lo que hemos intentado aparentar, con el deseo de ser vistos como personas ejemplares y dignas de envidia.
Sistemáticamente nos damos a la tarea de reproducir los esquemas culturales que se nos inculcan en la infancia: ser como nuestros mayores: padres correctores y castigadores; hermanos mayores para aprender de ellos; profesores de la infancia increíblemente sabios y especiales; sacerdote serio que lo ve todo (nos dijeron que era enviado de Dios).
vez armados de estas herramientas defensivas para la vida en sociedad; salimos a vivir en una sociedad más grande; la secundaria, la prepa, universidad, el empleo; en cada espacio vamos regando nuestra marca de familia… ¡como fuimos educados en nuestro micro-mundo familiar y barrio de vida!
Cuando nos casamos…, como nos enseñaron desde la familia e iglesia, lo hacemos reproduciendo un patrón acordado por la enseñanza recibida; regularmente lo hacemos con alguien muy parecido a nosotros en aspectos básicos…: economías parecidas, color de piel, ideas religiosas; estilo de vida, y de preferencia, del mismo barrio o ciudad.
Cuando no se cumple con estos lineamientos, regularmente se tienen contradicciones que, en ocasiones salen a la luz pública y se convierten en lo que nos da por llamar…: “el fracaso de los matrimonios”; “la cruz que nos toca cargar”.
Con la pandemia está saliendo a la luz de los medios de comunicación otro problema que se vive y reproduce dentro de las familias: la infinita desigualdad con que cada miembro contribuye al sostenimiento económico y cultural de la misma, y los altos niveles de agresión física, sexual y emocional con que se sostiene esta estructura social, tan necesaria para la reproducción del sistema monopatriarcal (familia de hombre y mujer, donde el hombre la controla y representa).
En México, el INEGI nos ha informado que, al margen de la pandemia del coronavirus, la violencia dentro de la familia es crónica; se violenta a la mujer y a los hijos de muchas formas; las cifras indican que hay violencia en crecimiento en lo físico, económico y sobre todo lo sexual.
Las estadísticas del citado centro de información son contundentes: la idea de familia es el mejor refugio para los que lastiman a los más débiles; les arrancan parte de sus derechos, pero, sobre todo; los convierten en presa de sus abusos económicos y sexuales de los más fuertes.
Desde hace más de un año, este mismo dilema se ha presentado en la mesa de análisis y debate en Francia: hoy se eleva al nivel de escándalo nacional; en una sociedad que se presume abierta a las ideas y corazón de la libertad mundial (Los derechos humanos como tales, de manea histórica se desarrollan con la Revolución francesa del siglo XVIII).
Desde hace un año se viene publicando una serie de datos en libros y revistas que narran los niveles de violaciones que se han realizado en el tiempo, con la complacencia de la sociedad permisiva en contra de menores de edad.
Es un tema totalmente sabido y ocultado dentro del closet; pero como ahora sale a la luz, por medio de libros, se reconoce que el incesto es una de las prácticas más recurrentes entre las clases sociales intelectuales y acomodadas; ahora sí, lo que antes era un problema de las clases bajas por su pobreza se recursos y baja cultura, se convierte en el escándalo nacional por que se encuentra que al menos uno de cada dos niños fue o ha sido abusado por un familiar más fuerte.
Nada nuevo de lo que pasa en todo el mundo; solamente camban los matices: cuando sucede en colonas marginales de cualquier ciudad de mundo; la explicación sale a flote fácilmente…: “es resultado de la pobreza, desigualdad e ignorancia”; luego la prensa los presenta en la nota roja de los medios como el monstruo de determinada colonia, y se le explota como un caso de desigualad social, y de justicia necesaria… ¡todos felices con nuestra reflexión!
El problema es que con la pandemia se está saliendo de control la información del seno familiar; en Francia es tema de preocupación nacional, pero esto ha sido simplemente porque se atrevieron a sacar la basura que tienen las familias debajo de la cama, se atrevieron a sacar los esqueletos que se esconden en el fondo del closet de las familias de las clases económica e intelectualmente altas.
No es nuevo, la pandemia no los originó, estos problemas han existido en el seno familiar desde su origen, y lamento decirle que van a continuar; no se si al alza; pero van a continuar en todo el mundo.
Lo que el INEGI ha publicado, que la violencia psicológica, económica y sexual son recurrentes en el seno de la familia en México (al menos un 82% de personas han sido violentadas por un familiar o amigo cercano a la familia), por desgracia va a continuar; lo que hará la pandemia es magnificar lo que con ella o sin ella sucede.
El escándalo francés se ha magnificado por que se está señalando a personas muy famosas de la política y escritores reconocidos…
¿Pues no que todos somos iguales…? ¡hasta en esto hay clases sociales y se nos nota…, hasta en el modito de decir y hacer las cosas.
No, no es la pandemia, pero es una realidad.

Acerca Bertha Guillermina Castellanos Arciga

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